el P-E-R-S-O-N-A-J-E

Posted on 9 mayo 2009

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“tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre.”

 Son palabras de Charles Bukowski.  Palabras del momento en que, a los cincuenta años, decidió abandonar su trabajo, aquello que le proporcionaba estabilidad económica, para ponerse a escribir. Soltarse, hablarnos sobre él, pienso que es lo mejor que pudo haber hecho para no acabar loco con todas sus excentricidades, la literatura y la poesía fueron su terapia.

 

Bukowski es el personaje que yo he elegido, el primero que se me pasó por la cabeza. En el momento en el que Perceval nos propuso el ejercicio, al oír la palabra PERSONAJE, pensé en este. Porqué es un personaje con todas las letras, con algo de bueno y mucho de malo, dirían algunos, yo preferiría hablar de mucho especial, diferente.

 

Bukowski nos puede parecer grotesco, maleducado, vulgar y guarro pero es a la vez divertido, libre, sincero y nada acomplejado. Bukowski es un ser falto de ambición, compromiso, un misántropo, en definitiva, un antihéroe para muchos, para los clásicos. Un héroe para muchos otros, ¿los raros?

 

No me identifico para nada con él pero sí que hay algo en él curioso y que me intriga: es su ligereza. En un mundo hipócrita, mentiroso y donde todo es aparente, Bukowski se quita la máscara y no tiene miedo de mostrarse tal y cómo es ante todos. Ante las mujeres, los amigos o, mejor dicho, colegas y conocidos, Bukowski es alguien directo, franco y sin complejos. Es una personalidad única, con más manías de lo normal y con un montón de defectos, pero se le conoce fácilmente y resulta una buena persona.

 

Personalmente, creo que me sentiría abrumada ante tal persona. En cierto modo lo admiro, sabe hacer de sus defectos algo divertido, pero también lo detesto, por la poca falta de humanidad y empatía que a menudo demuestra. Y si nuestros caminos se hubieran cruzado, supongo que en su mundo yo no habría sido otra que una de sus muchas mujeres, quizás algo de mí se habría quedado en su frío corazón, como la bondad. Habría sido algo fugaz que yo seguramente recordaría con cierto dolor o sentido de culpa. Él, quizás, habría hecho un poema con su personal estilo.

 

[...]

Rosalie era
la mejor, sabía cómo hacerlo
y nos revolvíamos en los asientos y
rugíamos
cuando Rosalie brindaba magia
a los solitarios
hace ya tanto tiempo.

y ahora, Rosalie,
estarás muy vieja o
muy quieta bajo
tierra,
yo soy aquel chico
con la cara llena de granos
que mentía sobre su edad
sólo para poder 
verte.

[...]

 

No le dedicaría a su persona mucho más que lo que ya tiene. ¿Más películas sobre un prodigioso egoísta alcohólico? No, gracias. Lo que yo haría es recomendar sus novelas para entrar en su mundo aparentemente fácil y, luego, leer unos cuantos poemas. Y, sobretodo, una última recomendación: lánzense de cabeza y sin ningun tipo de prejuicios, sean receptivos/as.

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