
Esa noche Henry tenía una lectura en un pequeño bar de Phoenix donde habitualmente se hacían recitales de poesía, monólogos, hasta había subido algún que otro mediocre cantautor. A él no le importaba. Sería otra noche de borrachera, quizás conocería alguna mujer, dormiría con ella y al día siguiente volvería a Los Ángeles. Avión y hotel pagados y sueldo invertido en la bebida. Con suerte podría quedarle algo para las carreras cuando llegara a casa. Henry leyó unos cuantos poemas, mientras se bebía unas cuantas cervezas, al final no se aguantaba encima del taburete. El público aplaudía, chillaba e insultaba. Iban igual de borrachos.
Cuando terminó, se bajó de la pequeña tarima y fue directo a la barra a pedir un vodka7. Había visto una mujer sentada sola en una mesa de la esquina, era bonita, bebería e iría a hablar un poco con ella. De pronto oyó una voz cerca de su oreja que desprendía un cierto aliento alcoholizado.
- ¡Oye tío, eres un genio! ¡Qué palabras, qué profundo! Nunca había oído nada igual, de hecho nunca había estado en un recital de poesía y mira, la primera vez y casi me vuelvo loco. Eres tan directo, ¡qué cosas dices! Tú eres de los míos. Vamos, déjame invitarte a algo.
- No, gracias. Ya estoy servido.
- Entonces yo pago la siguiente. Permíteme que me presente. Me llamo Jack, Capitán Jack Sparrow, vengo de un poquito más abajo, de por las islas Caimán, he llegado hoy a Phoenix.
- ¿Capitán? ¿Vas disfrazado de capitán?
- ¿Cómo que disfrazado? ¡No te rías de mí que yo te estoy tratando muy bien!
Se lo miró de arriba abajo. Estaba seguro de que ese tío estaba loco. Era un chico joven, muy poco cuidado y vestido con harapos, un pañuelo rojo en una cabeza con un pelo realmente asqueroso, le parecía. Eran rastas, negras y largas. Parecía sacado de una película de piratas. Tenía un aire un tanto cómico y sus movimientos eran calculados y extravagantes. A Henry le gustaba, no era como todos los otros pesados que siempre se le acercaban.
- Entonces, ¿es que tienes un barco? ¿Dónde lo has aparcado?
- El hecho es que…me lo robaron y muchos me persiguen, por eso escapé y aquí estoy. Me esconderé un tiempo y luego ya veremos. Se van a enterar, Jack Sparrow siempre vuelve para recuperar lo que es suyo. ¡Deberían saberlo ya!
- Eres un tipo peculiar. Resulta extraño, las personas que acostumbro a conocer o bien son unos muermos, se las dan de intelectuales o siempre están rodeados de gente. Me repatean.
- Yo también soy un solitario. En muchos sitios no me quieren y, a veces, lo prefiero así. Prefiero irme a la taberna de Tortuga, beberme una botella de ron y estar rodeado de mujeres.
– ¡Por Dios! Mujeres… yo no paro de pensar en ellas. Me gustan los colores de sus ropas, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara y sus piernas, sobretodo sus piernas.
- Lo que a mí me pasa con las mujeres es que luego no me pueden ni ver. Se enfadan conmigo, tengo que esconderme de ellas porqué son jodidamente peligrosas.
– No engañes nunca a una mujer. Aunque seas cruel con ella y hagas cosas que sabes que no le gustarán, tienes que ser sincero, la llamas y se lo cuentas. Se enfadan, pero luego siempre vuelven.
Chinaski se volvió. Vio que aquella chica joven y hermosa le miraba des del rincón.
- Encantado, Jack. Pásate algún día por mi casa, mi número y mi dirección salen en la guía.
Se dieron la mano. Se acercó a la chica, ella se levantó y salieron por la puerta del bar. En verla de pie, Sparrow soltó un bufido y un ¡Joder!, pidió otro ron y se puso a andar por el bar, haciendo eses i buscando mujeres.



Posted on 10 mayo 2009
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